El convento de Capuchinos nació en un paisaje de huertas y caminos marineros, y mantuvo una relación singular con quienes navegaban desde Sanlúcar hacia el Atlántico.
Los mareantes de La Balsa
Los antecedentes se sitúan en los mareantes del barrio de La Balsa, que levantaron una ermita dedicada a Nuestra Señora del Buen Viaje en el paraje conocido como El Desengaño.
La fundación capuchina
Hacia 1634 se estableció allí la comunidad capuchina, favorecida por el VIII duque de Medina Sidonia, Manuel Alonso Pérez de Guzmán, tras superar una grave enfermedad.
La Virgen del Buen Viaje
La advocación estaba ligada a los marinos que pedían protección antes de emprender sus travesías. La imagen se conserva en el remate del retablo mayor de la iglesia.
Sanlúcar y América
El convento estuvo conectado simbólicamente con los viajes oceánicos y con una población de trabajadores y navegantes que vivía cerca de la ribera.
Un patrimonio de barrio
Capuchinos no debe leerse solo como monumento aislado: forma parte de la historia social de La Balsa y de la expansión de la ciudad hacia sus bordes marítimos.