La desembocadura del Guadalquivir es un espacio de encuentro: agua dulce y salada, ciudad y parque, navegación y biodiversidad.
El final de una gran cuenca
El Guadalquivir desemboca en el Atlántico después de atravesar Andalucía. En Sanlúcar, su cauce se abre frente a las arenas y marismas de Doñana.
Dos orillas muy distintas
La margen sanluqueña concentra barrios, playas, puerto y actividad humana. Frente a ella, la orilla de Doñana conserva extensas formaciones naturales y una ocupación mucho menor.
Un sistema de mareas y sedimentos
Las mareas introducen agua salada y redistribuyen arenas y limos. El resultado es un mosaico de canales, bajos, playas y marismas sometido a cambios continuos.
Corredor para la vida
La proximidad de marismas, salinas, pinares y costa favorece una notable diversidad de aves y otros organismos. La desembocadura forma parte del gran sistema ecológico de Doñana.
Mirar también es interpretar
Desde Bajo de Guía, Bonanza o Las Piletas pueden leerse en una sola panorámica procesos naturales, rutas históricas, pesca, navegación y transformaciones urbanas.